Hoy, hace 100 años nació María Luisa Nájera Uceda, mi tía abuela Micha, una de las mejores personas que he conocido en toda mi vida y que para bendición mía y de mi familia, vivió 91 años, en los cuales se prodigó con nosotros y además fue un ejemplo de nobleza, humildad y servicio. Se dice fácil, pero son valores tan difíciles de encontrar en las personas hoy en día, sobre todo porque su vida no fue fácil y sin embargo jamás perdió la ilusión por la vida, por lo que también fue un ejemplo de optimismo, poco antes de morir y sin saber siquiera que estaba próxima, nos decía: “Yo si me muero, me voy a ir contra toda mi voluntad” y así fue, se fue contra su voluntad pero afortunadamente sin sufrir.
Micha , como le puso mi hermano mayor, que primero fue mamá vicha y luego derivó en Micha, no tenía bienes materiales, se fue con las manos vacías, no nos dejo nada material, pero dejo nuestros corazones repletos de amor y de agradables recuerdos, esa fue su herencia, el gran amor que nos prodigó. Su afán de servicio la llevo a dejar de trabajar cuando mi mamá por necesidad no tenía quien le cuidara precisamente a mi hermano grande y ella renunció para cuidarlo, así que ya no tuvo ingresos, pero como iba a abandonar a mi mamá, que era su nena, la niña de sus ojos, nunca había visto yo y aún sigo sin ver, a una tía que quisiera tanto a una sobrina, mi mamá tuvo la dicha de tener dos madres, mi abuelita y Micha.
Micha solo tuvo un hijo, que enfermó muy joven y murió a los veintiséis años, pero como no puedo decir que fue un ejemplo de servicio si precisamente, estando mi tío agonizando, lo dejo para irse a la casa donde ella vivía con mi abuelita y dónde nosotros estábamos viviendo temporalmente para irnos a dar el almuerzo porque era la hora en que regresábamos del colegio. Micha no tuvo nietos porque su hijo murió soltero, pero mis hermanos y yo fuimos sus nietos, claro, si éramos los hijos de su Nena adorada. No recuerdo alguna vez que mi mamá tuviera una pena, que Micha no la acompañara, si se quedaba sin muchacha Micha venía a la casa a hacer el almuerzo y ayudarla con la limpieza, si nosotros nos enfermábamos nos venía a cuidar, siempre dispuesta, incluso si venía de visita, se ponía a sacudir o si a veces era de mañana y nosotros siendo patojos no habíamos tendido nuestra cama, ella inmediatamente se ofrecía y uno de haraganote en esas épocas accedía gustoso.
Cuando íbamos a su casa, siempre nos ofrecía de comer, como recuerdo sus deliciosos panes con frijoles, que les echaba una salsa de tomate que ella misma preparaba y queso duro. Luego a esa Salsa le decíamos la Salsa de Micha, aunque a veces la hubiera hecho mi abuelita. No puedo olvidar los bananos con crema que me preparaba, bien “zulaqueados” como ella decía para referirse a que el azúcar estuviera bien disuelto en la crema, que ricura, hasta la fecha si me preguntan que postre me gusta más, digo los bananos con crema y siempre que los como pienso en ella. Para las vacaciones del Colegio que pasábamos temporadas largas y nos levantábamos tardísimo con mis hermanos, se asomaba al cuarto como a las diez y media y nos preguntaba si queríamos desayunar y cuando le decíamos que no, nos contestaba sigan durmiendo, están de vacaciones ¡Si pues que! Que es una de sus frases más célebres, porque vaya si tenía muchas. Me dan ganas de escribirlas todas, pero esto no sería un post, sino sería un libro, pero no hay un día de mi vida que yo no utilice una frase de Micha, siempre le digo a mi mamá que mi mayor homenaje para ella es utilizarlas, así aunque ya sean nueve años desde que se fue, ha estado conmigo siempre por sus frases. La última vez que le hable, estando ella hospitalizada en el Centro Médico, al despedirme esa noche, entramos uno por uno y le dije: “Ya vas a ver que te vas a poner bien, primero Dios y la flor de ayote” que era una de sus frases también y se rió, me dio tanto gusto haberme despedido de ella con una sonrisa.
Recuerdo de ella su pulcritud, se levantaba muy temprano y se arreglaba y se pintaba los labios y se echaba colorete en las mejillas y siempre estaba bien peinada, se pinto el pelo hasta los 85, hasta el día que se fue al hospital se peino antes de irse y quizá solo ese día se sintió cansada porque a sus 91 años todavía cocinaba y servía a mi abuelita que estaba imposibilitada, pero ese día le dijo que ya no iba a cocinar, que ese había sido el último día y coincidentemente también fue el último de su vida. Micha era de cosas sencillas, le encantaban las flores, siempre que venía a la casa iba inspeccionar el jardín y todo le parecía lindo, quería mucho a los animales y le encantaban las perritas que tuvimos en la casa, siempre decía: “Pobrecito el animalito, ellos no pueden hablar”, como me recuerdo que se les había arruinado el amueblado de la sala y yo les regalé uno nuevo, estaba tan feliz y me decía que el amueblado nuevo les había traído mucha suerte porque ahora les abundaban las visitas, los viejitos siempre necesitan atención y ella estaba tan feliz por las visitas.
Yo traté de retribuirles, tanto a ella como a mi abuelita todo lo que me brindaron, uno de los piropos más grandes que me han dicho en mi vida, me lo dijo Micha: “Vos ahora sos como un padre para nosotros, vos sos como un papá para todos”, viniendo de ella fue muy lindo. Otro día, la última vez que la vi en la casa, porque ya tenía ciertos achaques y llegué de sorpresa, cuando entré y ella pregunto “¿Quien vive?” y nos encontramos en el corredor me dijo: “Pero si vino mi amor, Luz nos vino a ver el Chivito, le dijo a mi abuelita “y me abrazó, ese mi amor que me dijo Micha es inolvidable para mí.
Yo escribí el epitafio para su lápida y es: “Un ángel que nos lleno con su amor” y eso fue Micha para mi vida y para nuestras vidas, por eso hoy que cumpliría sus 100 años estoy de fiesta en mi corazón por haber tenido la dicha de tenerla tantos años en mi vida y aún ahora que ya no está.
¡Felices 100 años Querida Micha! Y nuevamente y eternamente, GRACIAS POR TODO.