La vida siempre nos trae experiencias nuevas, conforme pasan los años creemos haberlo vivido casi todo, o creemos estar preparados para enfrentar cualquier situación, pero no es así, tenemos que vivirlas para experimentar el gozo o el sufrimiento que esta situación nueva nos pueda provocar.
El domingo 5 de julio cuando se le abrió el tumor a mi perrita, supe que era el momento de enfrentar una situación, que la sola idea me perturbaba, llevarla al veterinario para que la “durmieran”. Ese día le estuve haciendo curaciones, pero no habían tales, era un pedazo de carne viva el que se le salió, cuando le limpiaba quedaban pedacitos de carne en la servilleta, luego le echaba agua oxigenada, mercuro cromo y polvos de sulfatiazol y le vendaba con gasas para que no le quedara expuesto. La Coqui seguía mostrándose igual, con todo el deterioro que tenía pero, comiendo y caminando, eso me hacía sentir muy mal porque cuando platicaba con mis papás de la opción de ponerla a descansar, yo les decía que cuando la Coquita ya no pudiera caminar, ni comer entonces íbamos a proceder y por eso me encontraba en una disyuntiva, porque ella seguía comiendo y caminando, es más, como mis papás se habían ido de viaje, yo me estaba encargando de darle de comer y por alguna razón se lo comía todo, eso me daba mucha alegría, porque tenía rato de no comer bien y yo pensaba que era porque se la servía con tanto cariño que ella se la comía toda, hasta ingenuamente llegué a pensar, que cuando regresaran mis papás yo le iba a continuar dando su comida. Otra cosa era que aunque ella parecía estar totalmente desorientada, desde que nos quedamos solos siempre buscaba estar conmigo, lo cual me impresionaba, porque hacía muchos meses que ya no me buscaba y en estos días a la par. Ese día en la noche busque los teléfonos de la Sociedad Protectora de Animales y el de su veterinaria y me dije, mañana en la mañana llamo para averiguar.
El lunes tuve negación, ni siquiera llamé, le hice dos curaciones, una cuando me levante y otra a medio día, su comportamiento igual, comió muy bien, solo en la tarde me pegó un gran susto porque escuche un estruendo y salí corriendo al jardín y le había caído una escalera pequeña de aluminio encima, afortunadamente no se golpeo, ni nada. Su deterioro era severo, yo estaba muy consciente de eso, la pobrecita estaba jodida, bien jodida, pero no estaba tirada quejándose de dolor, para nada, la verdad yo había sufrido bastante cuando se empezó a poner peor, sobre todo porque se caía y si quedaba en cierta posición no se podía levantar y muchas veces la recogí sobre la grama incluso empapada porque se quedaba tirada aún estuviera lloviendo fuerte. Solo cuando se quedaba en cierta posición que le causaba molestia lloraba y entonces yo salía corriendo a rescatarla, la mayoría de veces de madrugada, no lográbamos hacer que se quedará adentro de la casa, le dejábamos las luces del patio encendidas, pero luego comprendí que ese era el error, si queríamos que se quedara adentro, era una luz de adentro la que debía estar encendida porque ella buscaba la luz y así fue, desde que dejamos una luz de la sala encendida ella se quedaba allí, sin embargo yo siempre estaba pendiente de ella , esta situación me había generado bastante stress, angustia y tristeza, sin embargo ese lunes tenía negación, por lo mismo que la había cuidado tanto en su enfermedad y los últimos días más, por ser la única persona en la casa, me decía: ¿Cómo va a ser posible que después que me he desvivido en atenderla y cuidarla, yo mismo deba llevarla para que la maten? Me parecía una gran contradicción. En la noche, escuché un ruido en la cocina y cuando llegué ella salió detrás del garrafón del agua salvavidas, pero luego noté en el piso que había sanguaza, allí fue cuando tomé la decisión, era inevitable, no podía continuar así, se me podía desangrar o que se yo que le podía pasar, la curé y ya la parte del tumor expuesto había crecido es decir se le había salido un poco más, con eso ya no tuve ninguna duda, me causo tanta ternura ver que cuando la estaba curando, me lamió el brazo, sentí un dolor inmenso ella lamiéndome la pobrecita y yo decidiendo su muerte.
Me fui para mi cuarto, me senté en la compu y me rompí a llorar, creo que lo único que se puede hacer en momentos como ese es llorar. Cuando me disponía a dormir al cerrar mi cuarto se fue a topar a mi puerta, le abrí, era su última noche en la casa y se fue a topar mi puerta, a estas alturas ya mi corazón estaba roto, pero firmemente decidido a proceder porque era lo mejor para mi Coqui. No me dormía, como a la una fui al baño y la vi, se le había despegado la gasa, fui a traer las cosas y la cure y le cubrí. Me desperté como a las seis y cuarto y al salir estaba allí en la sala, se le había vuelto a destapar, le tape nuevamente. Estuve haciendo cosas, desayuné, pero cuando me iba a entrar a bañar vi que ya estaba dormidita en la grama, pero las moscas se le estaban parando sobre las gasas, fui a traer una su toalla y la tape, para que no le molestaran. Como deteste a las moscas en toda su última etapa porque como la perseguían. Luego de vestirme llamé a la Sociedad protectora y no me contestaron, entonces me decidí a ir a la veterinaria donde la atendían que era a la vuelta. Mi hermano Hugo me llamó y le conté la situación, me preguntó que quien me iba a acompañar y le dije que nadie porque le había dicho a mi hermano Nandy, pero aquel me había dicho que para eso no se ofrecía acompañarme. En el momento en me iba me llamó Nandy y me dijo que ya venía para la casa a sugerencia de Hugo, le indiqué que si no me encontraba era porque estaba en la veterinaria ya que estaba decidido. Llegué a la veterinaria y al consultar con la recepcionista sobre los servicios, me indicó que ellos se encargaban de dormirla y enterrarla, me pareció bien y le dije que si quería el servicio, entonces me dijo tráiganos a la perrita, yo le dije que si no me hacían favor de irla a traer y me dijo que con mucho gusto y llamo a un señor, me subí a una panel y le pregunté que si conocía mi casa, me dijo que sí, que él había ido varias veces a traer y dejar a la Coca cuando le cortaban el pelo y que mi papá era bien exigente y que la tenían que cargar que no le gustaba que la pusieran en el suelo, llegamos a mi casa y me dijo tráigamela, mientras preparo una de las jaulitas aquí atrás. No sé explicar el sentimiento que experimentaba en ese momento, mi hermano Nandy llegó casi junto con nosotros y solo se me quedo viendo y le dije que en ese momento nos la llevábamos, entré y estaba en el jardín como la había dejado, dormida y tapadita, cuando la levanté y la cargué se extraño, pero yo la abracé bien, cuando caminé por el comedor, la sala el corredor para salir de mi casa con la perrita en brazos, se me rompió el corazón, yo le iba dando besos en su cabecita y llorando, mi hermano se me quedo viendo en la puerta llorando también, que momento más terrible haberla tenido que sacar de la casa para no volver, el señor la acondicionó en la jaulita y nos fuimos. Cuando llegamos el señor la entró y la recepcionista me indicó que esperara, mi hermano llegó en ese momento y nos pusimos a platicar, le decía: Qué horrible este momento, pero es lo mejor. Al ratito me llamaron y entre a hablar con los doctores me indicaron que lo que procedía era la Eutanasia, yo les dije que precisamente a eso la llevaba, uno de los Doctores me insinuó el por qué no la había llevado antes, le dije que el crecimiento desproporcionado de los tumores había sido en los últimos dos meses, que tenía 14 años y 5 meses de estar en mi casa y que nos la habían regalado de aproximadamente 7 meses u 8, así que tenía más de 15 años y que mi perrita anterior precisamente le habían salido tumores a los 15 años y en esa oportunidad si la operé y me la devolvieron muerta, así que no había contemplado esa opción. Entonces no quedaba más, la Coqui estaba en la camilla quietecita, con su toallita, les pregunté: ¿Me puedo despedir de ella? Me dijeron que si y me le acerqué y le dije Coqui, Coquí, le acaricie su cabecita y la besé, salí de allí con el corazón hecho trizas, me fui a la recepción a pagar, la señorita se me quedaba viendo con cara de apenada. Mi hermano, me pregunto que había que hacer y le dije que esperar a que avisaran cuando ya, pero me dijo mejor vámonos, si le dije vámonos a la mierda, no la quiero ver muerta. Al salir de allí y empezar a caminar para mi casa, casi iba pegando de gritos, creo que sin el casi, hacer eso aunque indudablemente era lo mejor, me dolió, de veras que me dolió, cuando entramos a la casa seguí llorando desconsoladamente, mi hermano me dijo, tira sus cosas o escóndelas para no verlas y así lo hice, pero en ese momento nada me quitaba la tristeza y el dolor, mi único consuelo era que mis papás no estuvieran en la casa y que no hubieran tenido que pasar por ese trance tan amargo.
¡Qué experiencia tan dura esta!, con mi hermano Hugo cuando hablábamos de esto, me decía que los seres humanos y los animales, merecían morir con dignidad y yo lo entendí y lo comparto y sé que se debe hacer así, pero que momento más terrible tomar la decisión y llevarla a cabo, aunque cuando finalmente me decidí, no titubee, el corazón si se me partió en mil pedazos. Todavía me pregunto cómo harán las personas para tomar estas decisiones con su familia, con sus padres, con sus hijos, como he visto en tantas películas, si con un perrito para mí fue una experiencia espantosa, que no quisiera volver a repetir. Admiro profundamente a estas personas que tienen que tomar esas difíciles decisiones en su vida, autorizar la muerte por piedad para un ser querido ha de ser una de las experiencias más terribles, pero indudablemente hay un tiempo para vivir y un tiempo para morir y si ese momento no llega de forma natural como en el caso de mi perrita y la calidad de vida está totalmente degradada, sin duda es un doloroso deber.
Ya no supe ¿si te enterraron o no? ¿O donde te enterraron Coquita?, pero fuiste parte integral de nuestra familia y te recordaremos por siempre.